A cien metros de
Camelot, su local hermano.
Entrando bajo el dragón de su portada, también
vestido de piedra y hierro, un gran local ofrece tres
zonas y tres ambientes.
Con su bóveda
de hierro, la primera barra ofrece un buen lugar de
conversación, con luz y música suaves.
Continuando por el
corredor de las vidrieras, con abundantes asientos,
alcanzamos la barra del fondo, que se despliega ante
una zona abierta donde cabe bailar, hablar y disfrutar
de una copa.
En frente,
desde su balcón elevado, la cabina reparte su música
a toda la planta alta.
La planta sótano, con sus dos accesos, encierra
toda la luz y el sonido que se pueda pedir.
Recorrida por una generosa barra de veinticuatro metros,
enlaza las dos pistas.
En su cabina, dicen que el diablo siempre pincha
lo último.
Desde 1991, todas las noches,
tenemos un rincón a tu gusto en
Klimt Gallery.